El nuevo El Dorado y los negocios paralegales

Hay veces que no vemos lo que está delante de nuestras narices precisamente porque es demasiado obvio. Lamentablemente la idea de claridad va asociada a lo obvio, y viene a ser lo que tenemos delante de los ojos y cuya comprensión no presenta dificultad alguna. Sin embargo suele encubrir, de una manera sutil, cantidad de prejuicios, dogmas y, creencias estereotipadas que dependen de una gran multitud de factores.

 

 

Lo obvio se confunde generalmente con lo evidente, que se define como una "certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar o una prueba determinante en un proceso". Son expresiones y aluden a esferas de conocimiento diferentes, porque ninguna cosa es obvia en sí misma, y la obviedad suele enmascarar una verdad, que se construye del desenmascaramiento de verdades menos verdaderas. Es algo así como quedarse mirando el dedo que apunta a la luna y no ver la luna…

 

Pero no quiero hacer meros juegos de palabras ni filosofar con el concepto de lo obvio sino utilizarlo para poner de manifiesto lo que está pasando delante de nuestros ojos (y los de las diferentes Administraciones públicas) y no se quiere ver. Me refiero ahora a las múltiples maneras de sortear la legalidad mediante la técnica más elemental y antigua de todas que consiste en situarse al margen de la misma, bajo los auspicios del conocido principio “quae non prohibita permissa intelliguntur” (lo que no está prohibido se entiende permitido). En España diríamos que…”el que no corre vuela” o algo similar sacado del inagotable cajón de nuestro refranero (que es producto de la sabiduría popular) porque hay mil maneras de ganarse la vida esquivando las trabas que pone la Administración y aquí va una pequeña muestra de ellas.

 

Comienzo por lo más actual que es la agria polémica entre los taxistas y Empresas como UBER o CABIFY y de la cual raro es el día que no aparece una noticia al respecto.

 

Porque nada es gratis ni es como aparenta. Me informo a través de Internet y me encuentro con lo siguiente (en una web de Chile denominada “elquintopoder”): UBER -Travis Kalanick, es el dueño de la empresa- se lleva entre el 25 y 28 % de la facturación –eso en Chile-  y para una persona que tiene un coche particular, el negocio puede resultar inicialmente atractivo. Sin embargo, UBER no exige seguro de transporte ni los conductores tienen contrato de trabajo (eso mismo parece que sucede en España). Es una prestación de servicio sin dependencia contractual y UBER no se hace cargo de la responsabilidad de los autos que le prestan servicios. Dicho de otra forma;  su ganancia se basa en la irregularidad o ausencia de norma específica que regule su actividad. Kalanick gana dinero, sólo por gestionar una plataforma digital, llevándose una buena parte de las ganancias, sin hacerse cargo de los costes de aquellos que deben trabajar para su empresa global. Además, no es una empresa de transporte sino una mera plataforma digital que permite a los dueños de los coches prestar servicios de trasporte con los mismos.

 

Y hay otro tanto que decir sobre CABIFY aunque en este caso los dueños son españoles (eso sí mediante una empresa domiciliada en Delaware que si bien no es un paraíso fiscal tiene una fiscalidad bastante “relajada”). El caso es que tanto UBER como CABIFY no son propiamente empresas de trasporte aunque están haciendo una competencia clara al sector del taxi. Los conductores ceden a la compañía un 20% de su facturación, un 5% menos de lo que les pide UBER, el rival directo de CABIFY lo que sitúa a esta empresa en condiciones bastante favorables (tienen licencia VTC para vehículos con conductor). Y como he escrito sobre esto en  otros foros me remito a lo escrito (entiendo que puede haber competencia desleal al no jugar con las mismas reglas en el mismo “mercado relevante”) y tanto la CNMC como los Ayuntamientos me temo que están a por uvas…

 

Siguiendo con el sector de los trasportes  no podía faltar BLABLACAR (fundada por Frederic Mazzella); otra simple plataforma digital que obtiene sus ganancias poniendo en contacto a propietarios de coches con personas que quieren hacer el mismo trayecto. En la propia página web de esta empresa se dice lo siguiente:

 

Presente en España desde enero de 2010, BlaBlaCar es la mayor red social de viajes de larga distancia en coche compartido con más de 40 millones de usuarios en 22 países (3,5 millones en España). La red social pone en contacto a personas que quieren realizar un trayecto común y coinciden para hacerlo el mismo día.

 

Los usuarios comparten los gastos del viaje sin obtener beneficio. Para ello, BlaBlaCar recomienda en la plataforma una aportación por usuario y viaje de 0,06 euros por kilómetro apropiada para la compartición de gastos inherentes a la conducción (gasolina, peaje, mantenimiento, seguros, impuestos, etc.) y limita la aportación máxima que pueden solicitar los conductores de tal manera que no se superen estos gastos.

 

Al igual que los casos anteriores BLABLACAR no es una empresa de transporte pero hace competencia a quienes se desenvuelven en este sector (como pueda ser ALSA), al competir en el mismo “mercado relevante”, lo cual descoloca a nuestras Administraciones públicas. La forma en que obtiene beneficio esta empresa no es sencilla de explicar (hay varias modalidades) pero puede consultarse sin dificultad en Internet.

 

Dejando ya el mundo de los taxis y similares (que da para mucho) entramos en otro parecido que tiene su origen en plataformas digitales para buscar alojamiento en casas particulares entrando en competencia con la hostelería. Sin embargo, y hasta donde yo sé, aquí no hay una sola plataforma sino varias entre las que se encuentran las siete siguientes citadas por El País en este link.

 

En realidad se trata de una especie de mezcla entre nuestras viejas pensiones y los conocidos B&B de los países anglosajones, aunque aquí el negocio está mucho más repartido entre las diversas plataformas y los dueños de las viviendas. En todo caso, toda una actividad “paralela” a la de los hoteles y casas rurales que también carece de regulación legal pero que puede mover mucho dinero que nadie controla.

 

Podría seguir con más actividades similares (el sector de las apuestas on-line es uno de ellos), casi todas ellas fruto de una plataforma digital que dan lugar a que surjan nuevos agentes competidores de quienes ostentan una determinada posición en un mercado y están sometidos a una regulación más o menos intensa. Un nuevo El Dorado donde se puede ganar dinero por no existir una regulación concreta, a la que deba estar sometida una determinada actividad y que no es lo que parece. Muestra, también, de que la imaginación no tiene límites (al igual que el progreso) y de que lo obvio no siempre es tan obvio si se analiza de cerca.

 

 

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