Veinte años de liberalización del servicio eléctrico. Balance de situación.

25/05/2017

D. Gaspar Ariño, socio Fundador de la firma, clausuró el pasado día 12 el Seminario “Legal Challenges of a New Energy Model” organizado por el Club Español de la Energía con su ponencia "Veinte años de liberalización del servicio eléctrico. Balance de situación". En su intervención hizo una valoración, después de los veinte años transcurridos desde la Ley 54/1997 de Liberalización del Sector Eléctrico, de los resultados obtenidos en el servicio: logros y fracasos, experiencias comparadas en distintos países de la Unión Europea, situación actual y camino a seguir en el futuro.

 

A continuación les presentamos el vídeo de la intervención del Profesor Ariño:

 

 

 

Asimismo reproducimos a continuación el texto de apoyo preparado por el Profesor Ariño para su intervención. Si lo desea, puede descargarlos aquí en formato pdf.

 

 

VEINTE AÑOS DE LIBERALIZACIÓN DEL SERVICIO ELÉCTRICO. BALANCE DE SITUACIÓN[1]

 

 

Se han publicado en los últimos tiempos algunos interesantes testimonios sobre la organización y el funcionamiento de los mercados eléctricos, han hecho balance de la experiencia liberalizadora en distintos países, que en algunos casos ellos mismos contribuyeron a diseñar. Resulta, en verdad, instructiva la coincidencia en algunas de las conclusiones a las que llegan, que vale la pena recordar aquí[2].

 

La primera conclusión es que el sector eléctrico, a diferencia del transporte aéreo o las telecomunicaciones, es escasamente contestable. Ofrece considerables barreras de entrada y es difícil penetrar en él (de hecho no han aparecido nuevos operadores en ningún país de Europa, salvo en el Reino Unido). Parece hoy convicción generalizada que los mercados eléctricos no soportan la excesiva o total concentración horizontal que funcionaba bajo el régimen de monopolio, ni tampoco una excesiva o total concentración vertical, pues tanto aquélla como ésta entrañan justamente una lógica contraria a la competencia, aún cuando ciertamente puedan ir acompañadas de economías de escala y alcance. De nuevo un trade off peligroso.

La segunda conclusión es que sin una red mallada con suficiente capacidad de transmisión, sin una reserva de potencia suficiente, capaz de atender con holgura las puntas de demanda, y sin una adecuada y real separación de actividades (unbundling) entre generación, transmisión, distribución y comercialización (en los términos que más adelante se verá), el poder de mercado se hace presente a cada momento, los mercados se fragmentan, la colusión entre empresas resulta muy factible y la competencia desaparece en muchos ámbitos territoriales y durante muchas horas del día.

 

La tercera evidencia es que la implantación de un mercado spot de corto plazo (semanal, diario o intradiario) que absorba y centralice la totalidad de la energía (porque todos tienen la obligación de llevarla a él) no puede dar lugar nunca a precios competitivos. Y ello por varias razones: por la rigidez absoluta de la demanda (no hay bienes sustitutivos de la electricidad en el corto plazo), por la imposibilidad de aumentar la generación o la capacidad de transmisión en el corto plazo, por la incapacidad de la demanda para limitar consumos y precios (los consumidores no se benefician del sacrificio de renunciar al consumo en horas punta) y por la fácil generación de poder de mercado que se deriva de todo ello, ya que los operadores se conocen muy bien y saben cuando resultan absolutamente necesarios para cubrir la demanda en horas de gran consumo (especialmente si retiran alguna parte de su capacidad disponible) o en áreas que padecen restricciones técnicas; en esos momentos pueden elevar los precios muy por encima de los costes. Todo ello da lugar a unos pseudomercados eléctricos muy poco fiables en sus resultados, lo que legitima y justifica las intervenciones gubernamentales sobre las tarifas finales. Además, en tales condiciones, la volatilidad del mercado es grande y ello es un elemento disuasorio para la entrada de nuevos oferentes, máxime si subsiste un alto grado de concentración vertical  entre generadores y distribuidores. Así pues, hay que pasar, como hicieron los ingleses en 2001 a un mercado abierto de contratos bilaterales y a plazo, que revistan distintas modalidades según las necesidades de los diversos interesados, constituye un presupuesto necesario para que un sistema competitivo funcione. En efecto, los contratos de energía a plazo reducen y reparten costes entre generación, transporte y distribución; estabilizan los mercados spot (de los que sacan gran parte de la energía y a los que marcan el futuro); permiten una mayor elasticidad de la demanda y la oferta (que a medio y largo plazo sí pueden variar); facilitan y promueven incrementos en capacidad de generación, pues los nuevos entrantes pueden ver asegurados sus ingresos en una gran parte (la energía sobrante la enviará al mercado spot); todo ello hará posible la entrada de nuevos operadores e incrementará la competencia en el mercado. Tal es la convincente argumentación que he escuchado más de una vez a Paulina Beato.

 

La cuarta conclusión, en al que coinciden también varios de los autores citados, es la incoherencia entre la estructura sectorial de que se dispone y el modelo regulatorio que se nos ofrece. Ya me he referido suficientemente a ello. Hay que añadir ahora que los resultados de tal realidad son igualmente incoherentes: las tarifas bajan pero al margen del mercado, cuyo precio no deja de subir, lo que lógicamente conduce a un “déficit tarifario” que crece año tras año (en el año 2003 se valoró en 1.500 millones, el año 2004 fue más equilibrado, pero de nuevo el año 2005 parece que podemos estar en los 4.500 millones). Este déficit se reconoce por las autoridades, que prometen su recuperación en el futuro (primero se habló de siete años, hoy nadie sabe cuantos). Estos estudiosos subrayan también la irrelevancia del mercado de generación (lo que no deja de ser notable) y el deterioro de la calidad y seguridad del suministro, todo lo cual da lugar a una elevada incertidumbre regulatoria que las empresas denuncian.

 

 

[1] Ponencia de clausura del Seminario “Legal Challenges of a New Energy Model” celebrado en Madrid los días 11 y 12 de mayo de 2017 en la sede del Club Español de la Energía.

 

[2] He comentado más ampliamente en otro lugar los análisis de estos autores, que básicamente son: David M. Newbery, “Regulating Unbundled Network Utilities”, Cambridge, UK, agosto 2001, 28 páginas; Stephen Littlechild, “Electricity: regulatory developments around the world”, en Colin Robinson, Ed., “Competition and Regulation in Utility Markets”, IEA-LBS, Londres, 2003, páginas 61 a 91; Paul L. Joskow, “Markets for power in the United States: an interim assessment”. MIT Institute, 47 páginas; Paulina Beato, “Las reformas del sector eléctrico en América Latina”, Washington y Madrid, mayo de 2005. Sobre todos ellos puede leerse mi trabajo “El sector eléctrico: ¿dónde estamos?, ¿a dónde vamos?”, Working Paper nº 35, FER, Madrid, 2006, ISBN: 84-689-7728-4.

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