LIMITES DEL ESTADO. SEÑALES DE ALARMA (I)

 

La OCDE acaba de publicar un documento en que advierte sobre el declive observable en las clases medias occidentales, cuyo tamaño disminuye y cuyas dificultades aumentan. Es un aviso sobre la desigualdad económica emergente en nuestro entorno. Con este informe abunda en lo dicho el año pasado sobre el estancamiento de la movilidad social en otro documento rotulado "Un ascensor social roto? Como promover la movilidad social" (el que acaba de salir se titula "Bajo presión: la clase media exprimida"), y constituyen  una seria advertencia de que algo grave está pasando. En mi libro -que da título a esta serie de entradas al blog- "Límites del Estado", sostengo precisamente esa tesis y, de ahí, este breve comentario.

 

El declive de la clase media es muy mala noticia porque implica el de la sociedad civil en su conjunto.  Si el ascensor social no funciona, las  nuevas generaciones se estancan mientras la clase media declinante no puede abrirles un hueco en su seno; ante ello, todas las miradas se dirigirán al Estado en demanda de auxilio; pero será en vano,  porque la principal fuente de recursos estatales se habrá agotado: una clase media menguante y empobrecida ya no puede continuar siendo "exprimida" -es el término que usa la OCDE "squeezed"- por el Estado. Como la principal solución alternativa para estos casos, la emisión de nueva deuda pública, también está agotada, el auxilio nunca llegará.

 

Esa es la situación que reflejan los informes citados. Curiosamente, las medidas propugnadas en ellos insisten en las clásicas fórmulas asistenciales y de protección social por organismos públicos. Con todos los respetos a sus autores, debo decir que lo que la  clase media necesita es recuperar sus viejas virtudes (honradez, laboriosidad, ahorro...) y disponer de un entorno en que desarrollarlas; la sociedad civil, por su parte, precisa mejorar su autoestima y reencontrar su energía para transmitirla al cuerpo social. ¡Eso no se logra con subsidios! Las ayudas públicas a una clase media empobrecida simplemente confirmarían que buena parte de la misma está dejando de serlo. Pero esto ya lo he dicho en el libro; no es el momento de volver a debatir los problemas que a mi juicio derivan del progresivo apesebramiento de la población al que asistimos impávidos.

 

Cierro, pues, esta entrada, reiterando la importancia de las señales de alarma que recibimos. No podemos responder a la información de que la clase media ha salido de la crisis de 2007-2015 mermada y depauperada diciendo "bueno, ¿y qué?; que acuda a la asistencia social". Es irresponsable continuar ignorando las alertas que recibimos. La OCDE es un observador serio; su advertencia no debe ser tomada a humo de pajas. Pero,  ¡atención! el uso como solución de las políticas asistenciales propias de los estratos sociales más necesitados constituiría, en sí misma, una nueva señal de alarma, tan o más preocupante que su predecesora.    

 

J.M.  de la Cuétara.

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