¡Oh! pastorcillo (A propósito de las profesiones reguladas)

 

Hace años un conocido humorista gráfico, ya fallecido, publicó una viñeta en la que un individuo, en un acceso de súbito lirismo, le decía a un pastor que descansaba en el prado con su rebaño: -“¡Oh!, pastorcillo”. El interpelado, mirando al personaje con desprecio, contestaba: -“¡De pastorcillo, nada! Licenciado en Bucólicas y por Orden ministerial me convalidaron Primero de Pastoriles”.

           

La viñeta me viene a la memoria por el intento de una Corporación de Ingenieros Técnicos de desdibujar al alza su profesión al incluir en su denominación a unos llamados “Graduados en la rama… de la Ingeniería” (la obvio a pesar del simple “animus iocandi” del chiste), que fue anulado por el Tribunal Supremo, y después, en sus estatutos, a unos “Graduados en Ingeniería de la rama...”, cuya nulidad acaba de ser de nuevo declarada. Lo curioso es que ambos cambios fueron aprobados por real decreto, a propuesta del ministro de control y previo dictamen del Consejo de Estado.

           

Es sabido que las ocho profesiones civiles de Ingeniero e Ingeniero Técnico (más Topografía) son profesiones tituladas, colegiadas y reguladas al conferirles el Estado atribuciones profesionales. La aplicación del EEE Superior (Bolonia) supuso la ruptura nominal entre título y profesión, de manera que las profesiones de Ingeniero Técnico pasaron a fundarse en Grados y las de Ingeniero en Máster, aunque unas y otras permanecieron las mismas. El artificio era claro: como el Grado habilitante de la profesión de Ingeniero Técnico cuenta con un “módulo común a la rama” (mejor “al ramo”), la Corporación, tomando la parte por el todo, creó unos “Graduados en la rama… de la Ingeniería”, cuando aquel “módulo”, junto a otro de “formación básica”, lo que perseguía era dotar de “capacidad” y “conocimiento” previos a los “módulos de tecnología específica” de sus cinco especialidades.

 

De esa forma quedaban confundidas ostensiblemente, en beneficio propio, las diferencias de estudio y atribuciones con la profesión de Ingeniero, llevando a error a los usuarios, cuya protección es “razón imperiosa de interés general” (cfr. la directiva de servicios), y vulnerando la Ley de Colegios Profesionales y la legislación de enseñanzas universitarias que prohíben toda confusión entre Corporaciones, profesiones y títulos, y que ya había dado lugar a un sinfín de sentencias anulatorias por esa causa.

 

A instancia de las Corporaciones de Ingenieros afectadas, el Tribunal Supremo primero anuló el cambio de denominación declarando taxativamente que “la rama… de la Ingeniería”, o el título de “Graduado de la rama… de la Ingeniería”, no existen como profesión o como título; que la distinción entre Grado y Máster no es elemento decisivo ni conocido por el conjunto de los usuarios, y que la palabra “Ingeniería” da lugar a confusión en las atribuciones profesionales, afectando a la delimitación subjetiva de otros Colegios, como los de Ingenieros.

 

A pesar de ello, “sostenella y no enmendalla”, los estatutos de la Corporación incluyeron luego a “Graduados en Ingeniería de la rama…” (aún más confuso) y a “Ingenieros Técnicos de la misma rama”, que, como se ha dicho, acaba de ser declarado nulo a pesar de que quiso referirse a la Orden habilitante. La contumacia de la Corporación viene de lejos: el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ya tuvo que anular la creación en el seno de la Corporación de un “Instituto de Mediación de Ingenieros” por inducir a error al incluir el término “Ingenieros”, que excedía de las funciones corporativas limitadas a la profesión de Ingeniero Técnico, y después unos nuevos estatutos por vulnerar el fallo de la Sentencia.

 

Es cierto que está pendiente desde hace bastantes años una nueva legislación de Colegios; también lo es que los acuerdos del Consejo de Ministros sobre planes de estudios y títulos de profesiones técnicas anunciaron una reforma general de las profesiones en España; pero hasta que eso ocurra siguen existiendo las dos profesiones reguladas de Ingeniero e Ingeniero Técnico, cada una con sus propias Corporaciones, y toda confusión está proscrita. En fin, siguiendo con la broma, el pastorcillo continúa siendo pastor, no graduado en Bucólicas, y en mi opinión debe sentirse honrado de ello.

 

 

 

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